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noviembre 23, 2009 / Mons. Oscar Sarlinga

CONVIVENCIA NACIONAL DEL MOVIMIENTO DE JORNADAS DE VIDA CRISTIANA

Más de 300 jóvenes vinieron a Campana para su convivencia anual. El sábado 15 tuvo lugar en Campana la convivencia nacional de las Jornadas de vida cristiana, con el lema: “Pintemos nuestra patria de colores”. Luego de meditar sobre el documento de los Obispos sobre el bicentenario de nuestra patria, los jóvenes compartieron reflexiones, momentos de alegría y de propuestas de pastoral.

A las 16 se celebró la Eucaristía, con la presencia de nuestro Obispo, Mons. Oscar Sarlinga, de Mons. Santiago Herrera, de Mons. Ariel Pérez, asesor diocesano, del Pbro. Hugo Lovatto, cura párroco y delegado de la pastoral de Juventud, y del Pbro. Albino Cabral, colaborador de la asesoría de las Jornadas.

La homilía del Obispo se centró en “el proyecto de vida” que ha de ser coincidente, comunional, con el Proyecto de Dios sobre nosotros, y asimismo sobre un proyecto de bien común para nuestra sociedad y para nuestra patria, sobre la que invocó especialmente la protección de la Virgen de Luján.

Algo de historiaDesprendidas del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, aunque similares, las Jornadas de Vida Cristiana nacen en México con una esencia, finalidad y método propios y desde allí se extendieron rápidamente a varios países de América.

 

Los sacerdotes misioneros de la Congregación del Verbo Divino, Adán Recofsky y Adolfo Ruhl, conocieron el movimiento en ese país y lo trajeron a la Argentina, más precisamente a la localidad de Rafael Calzada, que entonces se llamaba Villa Calzada, perteneciente a la diócesis de Lomas de Zamora. La intención original de los fundadores era iniciar los Cursillos en Lomas, pero fue imposible ya que todos los caminos se cortaron y muchas puertas se cerraron. Entonces comenzaron apreparar las jornadas adaptándolas a la realidad e idiosincrasia de lajuventud argentina, pero sin alterar su esencia, finalidad ni metodología.

Del 17 al 20 de octubre de 1967 se realizó en Rafael Calzada la primera Jornada para varones. Durante dos meses se preparó un equipo con jóvenes comprometidos que a la vez que hacían de animadores y auxiliares hacían su jornada.

Con el tiempo fueron llegando a esa localidad jóvenes de otras diócesis y posteriormente las jornadas comenzaron a hacerse directamente en ellas. De ese modo el movimiento se fue extendiendo, enriqueciendo parroquias, revitalizandolas instituciones, insertándose en los más variados ambientes, prestando su servicio en las diócesis y en la Pastoral Nacional de Juventud. De ellas surgieron numerosas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio.

El 1985 el MJVC fue reconocido por la Conferencia Episcopal Argentina, y es uno de los pocos movimientos juveniles reconocidos en el orden nacional.

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