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junio 12, 2010 / Mons. Oscar Sarlinga

CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL

CON UN LLAMADO A LA SANTIDAD SACERDOTAL Y AL SENTIDO DEL MATRIMONIO FORMADO POR UN VARÓN Y UNA MUJER, CONSTITUTIVO DE LA FAMILIA Y DE LA «CIVILIZACIÓN DEL AMOR»

Campana, viernes 11 de junio, a las 17.

El Obispo de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, clausuró el Año Sacerdotal en su diócesis, en la iglesia catedral de Santa Florentina, en la misa del Sagrado Corazón de Jesús, el viernes 11 de junio, habiendo pedido a los curas párrocos que en su nombre lo hicieran en sus respectivas parroquias, en razón de haberse ya congregado el clero para las festividades diocesanas del 30 de mayo. En su homilía, el Obispo recordó su “Mensaje de Pentecostés” [1], en el que tuvo una especial referencia a los sacerdotes, y también su “Mensaje de clausura del Año sacerdotal”[2]. Concelebraron con él Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Marcelo Monteagudo, y los Pbros. Hugo Lovatto (cura párroco), Nestor Villa, Pablo Iriarte, los vicarios de la Iglesia Catedral: Pbros. Lucas Martinez y Agustín Villa , en esta ocasión, habida cuenta que 5 de los presbíteros de la diócesis han asistido en Roma a la clausura del Año Sacerdotal por parte del Papa Benedicto XVI. Mons. Sarlinga reiteró que “sólo en la comunión afectiva y efectiva” con la Iglesia, con el Santo Padre como Sucesor de Pedro, con el Obispo y con nuestros hermanos en la fe, podemos verdaderamente «sentir con la Iglesia» y lanzarnos llenos de alegría a la misión, con la fuerza del Espíritu”.

Llamó vivamente a “la santidad sacerdotal” y pidió que “los fieles laicos oren por los sacerdotes”, y en especial que oren “las familias, institución indispensable”, que son como “santuarios de humanidad donde puede realizarse la civilización del amor”. Recordó Mons. Sarlinga que “la familia”, primero en sentido humano y natural, y en el sentido de la familia cristiana, es un bien precioso para la humanidad toda, tal como a ella se refiere el Concilio Vaticano II[3], y que al respecto en nuestra sociedad actual “tenemos el deber, en conciencia, de buscar la verdad, y de ofrecer nuestro servicio, preocupándonos por los destinos del matrimonio, formado por un varón y una mujer[4], y la familia”, recordando en este tópico la célebre la exhortación «Familiaris consortio» de Juan Pablo II[5].Recordó también la necesidad de proseguir sin cansarse la tarea de construir la civilización del Armor, y citó de nuevo a Juan Pablo II cuando dijo que “(…) la familia, cuando vive plenamente las exigencias del amor y del perdón, se convierte en baluarte seguro de la civilización del amor y en esperanza para el futuro de la humanidad”[6].

“No podemos perder de vista el promover este bien tan precioso, tan necesario e indispensable, patrimonio de la humanidad entera”, dijo, trayendo a colación que el Papa Benedicto XVI recogía esa misma preocupación, al advertir que “(…) los pueblos, para dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad, no pueden ignorar el bien precioso de la familia, fundada sobre el matrimonio., es el fundamento de la familia, patrimonio y bien común de toda la humanidad. Así pues, la Iglesia no puede dejar de anunciar que, de acuerdo con los planes de Dios (cfr. Mt 19,3-9), el matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas”[7].

Al término de la celebración, haciéndose eco del encendimiento de la “luz de la fe” que hiciera la diócesis al clausurar el Año Paulino Jubilar, en la iglesia de San José de los Peregrinos, en el predio de Schoenstatt, en 2009, el Obispo y los sacerdotes encendieron una vela a la imagen del Sagrado Corazón (a cuyos pies se encuentra enterrado el recientemente fallecido primer Obispo de la diócesis, Mons. Alfredo Mario Esposito), pidiendo al Señor las luces para el sacerdocio ministerial, la fidelidad en el Amor, y el afianzamiento y la unidad de las familias.

Notas:

[1]Ver en:
http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=21746&format=html;
o bien en :
http://oscarsarlinga.blogspot.com/2010/05/solemnidad-de-pentecostes-mensaje-del.html)[2] (Cf http://www.aica.org/docs.php?id=384).

[3] Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 52.[4] “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole” (CIC, c. 1055)

[5] Cf JUAN PABLO II, Exhortación apostólica «Familiaris consortio» al episcopado, al clero y a los fieles de toda la Iglesia sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual. Introducción, n. 1 (“La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar. Sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia”).

[6] Id. Mensaje de Juan Pablo II a un congreso en el 20 aniversario de la «Familiaris consortio», Ciudad del Vaticano, 22-XI-2001, n. 5.

[7] BENEDICTO XVI, Carta al Card. López Trujillo, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, Ciudad del Vaticano, 17 -V-2005.



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